Hay palabras del mundo del vino que parecen más complicadas de lo que realmente son. Cuerpo es una de ellas.
Cuando alguien dice que un vino tiene mucho cuerpo, no está hablando necesariamente de un vino más oscuro, más caro o con más aroma.
Está hablando, sobre todo, de cómo se siente en la boca.
Pensá en la diferencia entre tomar agua y tomar leche entera. Las dos son líquidas, pero una se siente mucho más liviana que la otra.
Con el vino pasa algo parecido.
Una sensación de peso
El cuerpo es la sensación general de peso, volumen y plenitud que deja un vino cuando lo tenemos en la boca.
Por eso suele hablarse de vinos:
ligeros · de cuerpo medio · de cuerpo intenso
No existe una frontera exacta entre uno y otro. Es una percepción que surge de varios componentes del vino actuando al mismo tiempo.
La WSET lo describe justamente como una combinación de distintas sensaciones que terminamos interpretando como cuerpo.

¿Qué hace que un vino se sienta con más cuerpo?
Uno de los factores más importantes es el alcohol.
En general, un mayor nivel de alcohol puede aportar más peso, volumen y cierta sensación de calidez en boca. Pero no trabaja solo.
También pueden intervenir el azúcar residual, los taninos, la concentración del vino y otros componentes que afectan su textura.
La acidez, en cambio, aporta frescura y salivación, y puede hacer que un vino se perciba más ágil.
Por eso el cuerpo no se puede explicar mirando un solo dato de la etiqueta.
Es el resultado de un conjunto.
El color no determina el cuerpo. Un vino más oscuro no necesariamente tiene más cuerpo, y uno más claro no necesariamente es más ligero. El color y el cuerpo describen características diferentes del vino.
Cuerpo no es lo mismo que intensidad
Un vino puede tener aromas muy marcados y, sin embargo, sentirse bastante ligero.
También puede ocurrir lo contrario: un vino puede ser relativamente discreto en nariz y sentirse amplio y envolvente en boca.
La investigación sensorial incluso muestra que los consumidores tienden a entender el cuerpo como una percepción bastante global, en la que intervienen textura, sabor e intensidad, y no simplemente como viscosidad.
Por eso conviene pensarlo menos como una característica matemática y más como una sensación de volumen.
¿Un vino con más cuerpo es mejor?
No.
Y acá aparece algo que vamos a repetir muchas veces en Vinovadores: más no significa mejor.
Un vino ligero puede ser exactamente lo que queremos tomar una tarde de verano. Un vino de cuerpo medio puede funcionar perfecto en una comida. Y un vino intenso puede resultar espectacular en otro momento.
El cuerpo describe un estilo.
No establece una jerarquía.
Incluso dentro del vino argentino podemos encontrar Malbec muy ligeros y frescos junto a otros mucho más concentrados, del mismo modo que no todos los Pinot Noir necesariamente tienen que sentirse iguales.
Variedad, lugar, madurez de la uva y decisiones de elaboración también influyen.
Probalo vos
La próxima vez que tengas dos vinos distintos abiertos, hacé una prueba sencilla.
Tomá primero un sorbo de uno y prestá atención únicamente a cuánto espacio parece ocupar en tu boca.
Después probá el otro.
¿Uno se siente más ligero?
¿El otro parece más amplio o denso?
¿Alguno genera más sensación de calor?
¿Uno desaparece rápidamente y el otro permanece?
No hace falta encontrar la palabra perfecta.
Si podés empezar a distinguir cuál se siente más liviano y cuál más lleno, ya estás reconociendo el cuerpo.
Y probablemente, la próxima vez que leas “vino de cuerpo intenso”, esa frase deje de parecer tan abstracta.

